Obra original por el artista puertorriqueño, José Graziani. Pertenece a la serie: El Viaje. Medidas: 24 x 30. Acrílico sobre Lino Italiano. Perfectas Condiciones. Obras de este excelente artista se pueden encontrar en las más exquisitas y privilegiadas colecciones de arte, tanto en Puerto Rico como Estados Unidos y Europa. Esta obra fue parte de la Expo: Spectrums of Reincarnation, realizada en ART FUSION GALLERY, en el Design District, Miami, FL. Abril 2008. Para cualquier pregunta, no dudes en comunicarte.
PUERTO RICO FINE ARTS GALLERY
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La Primera Galería 100% Virtual Puertorriqueña.
“José Graziani, pintor deslumbrante que funde la identidad caribeña con la universalidad total”.
Por la Dra. Nadia Chaviano, Crítica de Arte y Profesora de la Universidad de Las Villas, Cuba.
El término de identidad aparece a cada instante al intentar reivindicar las culturas de la periferia frente a las de los centros hegemónicos. La identidad es la respuesta a un modo de comportamiento colectivo, constituye el acto de legitimación frente al otro pues el otro ha estado permanentemente enfrentándose al yo. Preguntarse por la identidad no es sólo la expresión de la duda de si somos distintos o no, sino cómo somos diferentes.
En el caso de las artes plásticas, el artista parte de la expresión en sus piezas del reconocimiento del individuo dentro del contexto donde actúa, como una vía de autoafirmación, toda vez que la identidad se construye en su propia actividad pictórica.
Toda la obra de José Graziani denota la maestría en la manipulación de distintos recursos expresivos con una poética propia, auténtica. Los azules de sus aguas y sus cielos aunque nos recuerden algunas figuras paradigmáticas del expresionismo europeo, transmiten la voz identitaria de estas tierras bañadas por el mar Caribe. Y es así porque el artista emplea este recurso para autorreconocerse en su individualidad, dentro de su colectividad artística.
Nacido en Ponce, Puerto Rico, Graziani obtuvo el grado de Bachiller en Artes Plásticas en 1997 en la Universidad Católica y en el mismo año, la compañía IFS Internacional de New York, le comisiona la obra “Star Shining in the future”. En el 2002 recibió la distinción del artista joven más destacado de Puerto Rico en el área de la pintura y al año siguiente, recibe la Beca de Talento de Maestría en Artes otorgada por la Universidad Interamericana de Puerto Rico donde alcanza el título de Master en Artes Plásticas.
La trayectoria artística de Graziani se ha enriquecido sobremanera con el despliegue de una intensa labor expositiva. Así, en el 2007, sus óleos fueron apreciados por públicos diversos y distantes geográficamente, con exhibiciones de sus piezas en el Festival Internacional Expo Art de Montreal, Canadá; en el Museo de los Próceres en su natal Puerto Rico y en “Art of the Main” en New York. Otras latitudes también han acogido favorablemente sus obras como España, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Perú, Cuba, etc.
Instituciones significativas en el mundo atesoran obras de Graziani en sus colecciones permanentes, como la Colección Privada de su Santidad Juan Pablo II en la Ciudad del Vaticano, Roma; el Museo de Arte Contemporáneo del Cuzco en Perú o el Palacio Arzobispal de San Juan, por solo citar unos ejemplos. El espíritu solidario, de compromiso y entrega total a su comunidad, caracterizan a este talentoso creador, con sus participaciones en diferentes subastas benéficas, tales como: la Subasta en Beneficio Social de Niños Sordos de Ponce, la Subasta en beneficio de la Catedral de San Juan o la realizada en beneficio de la Fundación Alfonso Arana.
En la producción pictórica de José Graziani se han sedimentado una serie de características que pueden ser consideradas invariantes integrativas, que articulan coherentemente el componente morfológico y sus presupuestos ideo estéticos. Se nos revela deudor fundamentalmente de la poética expresionista; así su obra está plagada de osadías interpretativas y sugerencias simbólicas.
Graziani, como los más encumbrados exponentes de la corriente expresionista europea, aporta una nueva forma de interpretar la realidad. Hace vivir al color, una etapa plena en la historia de la pintura. El color, liberado de toda mímesis, funciona como medio de plasmar las emociones y sentimientos del artista, y lo más importante, de establecer una estrecha comunicación con su gran público.
En el expresionismo europeo, el color se hace tristeza en la etapa de los humillados de Picasso, amargura en los paisajes de Vlaminck, pasión en Kokoschka, acidez en Nolde y odio en las escenas citadinas de Kirchner. Las conquistas expresionistas del lenguaje plástico no se limitaron a la liberación del color, la línea y la estructuración de las partes en el plano, también dejaron atrás, los atrevimientos de Goya y Toulouse Lautrec en la concepción de las figuras.
El expresionismo hace además del hombre, el centro de su interés, las pobres gentes de Picasso, los seres simbólicos de Nolde o las deshumanizadas figuras de Kirchner, continúan la historia del hombre en imágenes visuales. Sucede, sin embargo, que esta historia no siempre es fácil de decodificar porque el artista se siente preocupado por descargarse de su propia insatisfacción.
Las obras de Graziani se caracterizan por el empleo de la línea y el color como escape emocional, como un acercamiento a lo instintivo. Su línea, sintética y quebrada, trasciende y embruja al espectador con cierto aire barroquista. El color se adecua a esta búsqueda donde se destaca el fuerte contraste de amarillo sobre azul.
Sus temas, reiterativos en su fecunda trayectoria artística, adjetivo empleado en este caso como un grado de valor, llegan a otorgarle un sello identitario. Insisten en naturalezas muertas donde se aprecia visualmente un fuerte contraste entre fondo y figura, el corazón como un elemento que trasciende la categoría de motivo temático para ascender a la expresión de los sentimientos y emociones del creador y los veleros como elemento de profunda raigambre caribeña, del hombre que vive y ama a su isla en medio de la geografía antillana.
Se aprecia además, una identificación del artista con la naturaleza y quizás un retorno a lo primitivo mediante el dominio total del gesto, la aplicación de una fuerte pincelada, con trazos muy sueltos, empastados, donde la textura anuncia y clama su protagonismo en la producción de este artista.
El uso recurrente del amarillo-naranja y de distintas tonalidades de azul en el tratamiento de las flores le confiere a sus piezas una fuerza desbordante, acentuada por el empleo de una textura donde los empastes protagonizan una aventura plástica sin par. Resulta significativo cómo el artista logra atrapar sus emociones, angustias y nostalgias en cada segmento de la tela, haciéndonos partícipes de las mismas.
Sus veleros tienen la capacidad de transportarnos a una atmósfera tormentosa y fascinante, que inquieta sobremanera al espectador, anuncia, delata, en fin, subyuga. El mar embravecido quisiera hacer naufragar al frágil velero que se aferra a continuar surcando las aguas de un azul intenso que a golpe de gesto, no se mantiene tranquilo. Movimiento brusco, dinámico y violento del mar como si el artista nos convocara a transitarlo con resolución y firmeza.
El abordaje del corazón con una gama de colores bien cálidos y con trazos muy sueltos e instintivos, emerge triunfante en esta búsqueda del profundo humanismo del “ser artista”.
José Graziani, a golpe de ingenio y espiritualidad, construye una nueva visualidad de la insularidad; es un pintor que abre en cada aproximación a la tela, una ventana para comprender las esencias de nuestras raíces. El ser caribeño se impone más allá de temas y formas asumidas porque toda la obra pictórica de este creador es un canto trascendental a su identidad, va a lo extranjero con mirada auténtica y es capaz de beber en la fuente inagotable de la historia del arte para transmitir lo autóctono.
José Graziani constituye pues, un pintor deslumbrante que imbrica en toda su propuesta, la identidad caribeña y la universalidad total.